Cuando el otoño llegó,
y el almendro dejó caer su flor,
tú desencadenaste una guerra,
una guerra a traición,
tu tradición de peinar con tu cepillo,
tu pelo de algodón poco a poco,
terminó.
No pudiste hacerlo como antes,
y hasta el último mechón,
te peinaste aún sabiendo que era inútil.
Tu piel palidecía,
cada vez más blanca como la pared
de la casa recién estrenada,
pero seguías teniendo esa sonrisa,
que te hace tan guapa.
Más débil de físico te volvías,
y de tu debilidad una fuerza nacía.
No te rendías,
solo te caías,
y a ponerte de pie volvías.
Calvario y dolor en el interior,
era llamas separadas,
que se abrazaban para unir su fuego,
y destruir e incendiar el exuberante bosque
de tu fe y lealtad.
Saliste brava de la batalla,
porque fuiste por dentro fuerte,
y no te cansaste.
Ni si quiera pediste agua cuando delirabas.
y el almendro dejó caer su flor,
tú desencadenaste una guerra,
una guerra a traición,
tu tradición de peinar con tu cepillo,
tu pelo de algodón poco a poco,
terminó.
No pudiste hacerlo como antes,y hasta el último mechón,
te peinaste aún sabiendo que era inútil.
Tu piel palidecía,
cada vez más blanca como la pared
de la casa recién estrenada,
pero seguías teniendo esa sonrisa,
que te hace tan guapa.
Más débil de físico te volvías,
y de tu debilidad una fuerza nacía.
No te rendías,
solo te caías,
y a ponerte de pie volvías.
Calvario y dolor en el interior,
era llamas separadas,
que se abrazaban para unir su fuego,
y destruir e incendiar el exuberante bosque
de tu fe y lealtad.
Saliste brava de la batalla,
porque fuiste por dentro fuerte,
y no te cansaste.
Ni si quiera pediste agua cuando delirabas.
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