Fragancia

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sábado, 8 de septiembre de 2012

Cuando te conocí...

Ella había decidido irse corriendo, escapar de casa, consolarse a sí misma sin compañía de nadie, sola, tranquila, intimidando con el silencio y la pena.

No sabía que hacer, cada día era más pesado y más duro para ella. Cuando se animaba, y elegía un vestido mono, o faldas, al final acababa viniendo a casa, llorando a escondidas, sin dar explicaciones. La señalaban y, si pasaban chicas de su instituto la miraban con asco de arriba abajo.

Sus estanterías estaban repletas de libros de dietas que no le sirvieron... Su obesidad era genética, no podía remediarla; para ella era muy importante quitarse de encima esos kilos que tanto la hacían sufrir...

Llorando, tirada en la desgastada acera de una estrecha callejuela, de casualidad, pasó el chico del que se enamoró hace ya tiempo. Nunca dio el primer paso, no, ella no estaba preparada para recibir rechazo y desaprobación gracias a su físico. Pensaba que todos los chicos eran iguales, que a todos solo les importaban las caras bonitas.

Intentó esconderse entre sus rodillas... No sirvió.

El tiró de su mano, ella movió la cabeza con un gesto de negación y reprimió el intenso y apetecible impulso de abrazarle con todas sus fuerzas durante horas... Y si era posible, para siempre...

- Vamos, levántate.- Dijo sonriéndole tiernamente, pero ella no vio
   su  cálido gesto, tan solo lo sintió.

- Hace un bonito día como para estar ahí tirada lamentándote...-

- A ver, ¿Qué te pasa?- La miró intensamente aunque no pudo fijar su mirada sobre sus dos grandes ojos del color de la aceituna...

Ella siguió ignorándole. Él insistió. Suspiró.

Al fin ella, se dignó a mirarlo, pero no a los ojos; le daba mucha vergüenza.
Comenzó a hablarle.

- Verás... La gente no acepta mi físico y estoy cansada de eso.-

La escuchó atentamente. No dijo ni una sola palabra.

- Seguro que es en lo que todos al conocerme se fijan...-

No terminó la frase. Él la interrumpió.

- Lo primero en lo que me fijé al verte por primera vez, fue en tu sonrisa...-

Ella se sonrojó. Él la ayudó a incorporarse. Ella se lo agradeció.

Él fue atrevido, tomó con sus manos su barbilla. Le dijo:

- Me gustaría que volvieses a sonreír como antes.-

Sin previo aviso la besó; ella se dejó llevar. Al soltarla, ella le sonrió...
Y junto a él le sonrió muchos más atardeceres...


4 comentarios:

  1. Hola Candecande, buen dia,
    muy linda historia, pasa a menudo y en todas partes,
    dicen que no pero todo entra por la vista, mucha gente se niega a conocer a otras por la primera impresión, pero no siempre es así.
    Ahora la foto que escogiste, creo que está un poquitin gordita la chica, verdad?
    unon kilos de mas dicen que hace bien y es salud, pero los extremos jamás son buenos.
    bueno me retiro, gracias por la visita
    que tengas un lindo domingo
    besitos

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