Permíteme hoy Señor, cambiar el rumbo de las vidas que me rodean con su calor.
Permíteme hoy Señor, traer a casa de un chasquido a aquellos a los que echo mucho de menos y que se quedaron grabados en lo más profundo de mi corazón.
Permíteme hoy Señor, tener un poco más de certeza y menos torpeza.
Permíteme Señor ayudar a aquellos a los que, debido a mi escasa edad, no puedo...
Permíteme señor traer un halo de buen recuerdo dirigido hacia aquellos a los que quiero para que cesen su llanto interno de lágrimas secas, que en parte, duelen más que las que son del agua...
Permíteme Señor, dar un abrazo fuerte, muy fuerte, que llene el alma vacía de aquellos que hoy deciden tirar la toalla y darse por vencidos.
Permíteme Señor, que el mal recuerdo no me invada, que no me agarre bien fuerte y me deje sin respiración para, una vez más, hacerme caer de bruces sobre el suelo y morirme por dentro en un intenso ardor de sentimiento.
Permíteme Señor, bailarle una bulería con maestría en señal de gratitud a todo aquel que me atormentó y me hizo incluso sangrar de dolor por dentro. Gracias a ellos, maduré...
Permíteme Señor, levantarme todos los días con una sonrisa cosida en la boca, para que nunca se deshaga, y que esta, sea verdadera...
Permíteme Señor, a hacerme mayor con el tiempo y la experiencia, aunque me asuste el señor del destino... Porque a veces se me presenta con el atuendo del humilde y simpático payaso... Y simplemente, otras veces... Viene disfrazado de un ser oscuro que te sacude el alma con dolor y miedo en tan solo un minuto.
Permíteme Señor tener más paciencia y recibir al otro con ternura y destreza... Para no agobiarme, para no gritar y para hacer sentir bien.
Permíteme Señor que en mis días de tormenta, pueda naufragar en una buena isla llamada amistad, y que sus habitantes nunca se vallan hasta el mismo día en que yo muera... Para estar siempre juntos allá en la altura.
Permíteme hoy Señor, traer a casa de un chasquido a aquellos a los que echo mucho de menos y que se quedaron grabados en lo más profundo de mi corazón.
Permíteme hoy Señor, tener un poco más de certeza y menos torpeza.
Permíteme Señor ayudar a aquellos a los que, debido a mi escasa edad, no puedo...
Permíteme señor traer un halo de buen recuerdo dirigido hacia aquellos a los que quiero para que cesen su llanto interno de lágrimas secas, que en parte, duelen más que las que son del agua...
Permíteme Señor, dar un abrazo fuerte, muy fuerte, que llene el alma vacía de aquellos que hoy deciden tirar la toalla y darse por vencidos.
Permíteme Señor, que el mal recuerdo no me invada, que no me agarre bien fuerte y me deje sin respiración para, una vez más, hacerme caer de bruces sobre el suelo y morirme por dentro en un intenso ardor de sentimiento.
Permíteme Señor, bailarle una bulería con maestría en señal de gratitud a todo aquel que me atormentó y me hizo incluso sangrar de dolor por dentro. Gracias a ellos, maduré...
Permíteme Señor, levantarme todos los días con una sonrisa cosida en la boca, para que nunca se deshaga, y que esta, sea verdadera...
Permíteme Señor, a hacerme mayor con el tiempo y la experiencia, aunque me asuste el señor del destino... Porque a veces se me presenta con el atuendo del humilde y simpático payaso... Y simplemente, otras veces... Viene disfrazado de un ser oscuro que te sacude el alma con dolor y miedo en tan solo un minuto.
Permíteme Señor tener más paciencia y recibir al otro con ternura y destreza... Para no agobiarme, para no gritar y para hacer sentir bien.
Permíteme Señor que en mis días de tormenta, pueda naufragar en una buena isla llamada amistad, y que sus habitantes nunca se vallan hasta el mismo día en que yo muera... Para estar siempre juntos allá en la altura.
Permíteme Señor, dar gracias a la vida por todo aquello que tengo y que riego cada día con amor y dedicación
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