Fragancia

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domingo, 27 de enero de 2013

Cada vez somos más irracionales

¡Qué triste es que aún en el siglo XXI  sigan las guerras, la xenofobia, la homofobia, la estética y el canon de la belleza para poder ser alguien visto en la sociedad! ¡Qué triste es tanto desequilibrio!

Mientras que un buen futbolista gana un sueldo de millonario, otros tantos niños vienen a ser recogidos por la  tela negra de la muerte; esos niños que luchan por sobrevivir y por encontrar una migaja de pan en el suelo...
Los niños de la poca carne, los niños que son nuestra desgracia... Esos niños a los que se les deja muchas veces de lado en el telediario para no mostrarnos la horrible realidad, ya que muchos que tienen de sobra, no quieren dar ni un puñado para participar en la causa...

Es tan triste que aún se siga señala al hombre o a la  mujer de piel morena o tostada por ser de otras tierras... Lo que no saben o no quieren pararse a pensar es que procedemos de su estirpe y, quiera que no, hemos compartido sangre y tierra a pesar de cualquier diferencia física.

¡Qué triste tanta violencia sembrada que da frutos que resultan ser buenos para el rico y el malo, y malos para el débil y el pobre!

Es tan triste que hasta una creencia religiosa cueste el dinero y la vida  a veces; aún no se dieron cuenta de que hurgan más que las ratas y que estamos viviendo en un desengaño que comenzó hace siglos, y que dejó víctimas y sangre por el recorrido de su historia. Todo el mundo comete errores; pero a pesar de la evolución nos volvemos más estúpidos e insensatos, cegados por la droga amarilla a la que llaman dinero. Todos chupan de ella, todos la quieren; es la droga amarilla  la que maneja las bridas del mundo...

Somos tan estúpidos que señalamos los defectos de los demás como diversión y espectáculo, somos tan irracionales que juzgamos sin conocer y nos llevamos todo un día o más enganchado a la televisión disfrutando del morbo y riéndole las gracias al que amarga y tortura la vida íntima de una persona que solo vemos en la televisión, y que ni si quiera sabemos en realidad quien es...

Somos tan, tan irracionales que hasta los animales tienen mucha más razón, respeto y caridad que nosotros... Ellos, si hacen daño, es por miedo y defensa, si atacan, es por protección y nosotros lo hacemos por mera diversión, entretenimiento y como una especie de auto-consuelo para no vernos tan feos en el espejo, tan defectuosos e inútiles porque no somos capaces de afrontar las verdades y no queremos vernos tan defectuosos y débiles; queremos ser el fuerte, rico y poderoso para vivir de la ``buena vida´´.

Que triste que cada nueva generación, los niños nazcan  más irracionales y tienen miedo de ser como son; acaban por ser otra copia barata. No se les muestra la oscuridad del mundo, viven con el lujo, el capricho y el estilo de vida de ``ser el guay´´ No quieren ver otra causa, cada vez son más egoístas y egocéntricos... Muchos de ellos  no sabrían darte siquiera la verdadera intención y significado de la palabra amistad.
No se les enseña, no se los educa desde edad temprana; se vuelven tan rebeldes que hasta a los maestros contestan sin reparto...

¡Cuánto cambiaron los tiempos! Quizás años anteriores éramos mejores, quizá mejoremos, pero reconozcamos y afrontemos la realidad; cada vez nos hacemos más irracionales y estúpidos.


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