El tiempo es una gota de agua refrescante que recorre nuestra vida sin ser compasiva; a veces puede ser de agua salada o de agua dulce...
A veces se sepulta en tu alma y no se va hasta que ella encuentre la puerta que la dirija hacia la libertad...
A veces se hace tu aliada, a veces, tu enemiga. Otras veces corre agilmente y ligera; tan rápido se va algunas veces el tiempo que te enojas por no poder controlarlo... Como el niño que tras coger un puñado de arena, se le escapa bailando entre sus dedos, y él por su parte, sigue insistiendo en cogerla sabiendo aún que es inútil.
El tiempo duele. El tiempo puede aislarte de los demás y llenarte de la luz cegadora del egoísmo. El tiempo, te hace tantas arrugas que te cortan la piel y, el tiempo, está tan mal distribuido que cuando no poseemos ese fulgor de fuerza y vitalidad, es cuando tenemos la sabiduría de emplear todos nuestros sentidos... Está tan mal hecho el tiempo, que morimos sabiendo y nacemos ilusos, inocentes y, para poder adquirir ese importante conocimiento, debemos sufrir a regañadientes... Pero... ¿Y si fuese al contrario? ¿Tendría algún sentido?
No. Necesitamos un reto, una lucha que forje y marque nuestra historia en el candescente hierro de la humanidad que nos ata a la vida y a sus muchos enigmas.
A veces se sepulta en tu alma y no se va hasta que ella encuentre la puerta que la dirija hacia la libertad...
A veces se hace tu aliada, a veces, tu enemiga. Otras veces corre agilmente y ligera; tan rápido se va algunas veces el tiempo que te enojas por no poder controlarlo... Como el niño que tras coger un puñado de arena, se le escapa bailando entre sus dedos, y él por su parte, sigue insistiendo en cogerla sabiendo aún que es inútil.
El tiempo duele. El tiempo puede aislarte de los demás y llenarte de la luz cegadora del egoísmo. El tiempo, te hace tantas arrugas que te cortan la piel y, el tiempo, está tan mal distribuido que cuando no poseemos ese fulgor de fuerza y vitalidad, es cuando tenemos la sabiduría de emplear todos nuestros sentidos... Está tan mal hecho el tiempo, que morimos sabiendo y nacemos ilusos, inocentes y, para poder adquirir ese importante conocimiento, debemos sufrir a regañadientes... Pero... ¿Y si fuese al contrario? ¿Tendría algún sentido?
No. Necesitamos un reto, una lucha que forje y marque nuestra historia en el candescente hierro de la humanidad que nos ata a la vida y a sus muchos enigmas.
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