Mi abuelo estaba en la mecedora con las gafas cayéndole al final de su peculiar nariz. Tenía la mirada muy triste. Aquel verano no estaba mi hermano mayor con nosotros y tampoco la abuela desde la primavera.
De repente mi padre entró en la sala de nuevo suspirando y con la cabeza gacha tras otra llamada inútil. Dirigió sus pasos medio caídos a la pequeña cocina.
Miré a mi abuelo, entre triste e interrogante. Sonrió con ternura en sus ya viejos y pequeños ojos detrás de aquellas arañadas gafas. Acto seguido, se incorporó con lentitud con cierta dificultad y, poco a poco, se acercó a mí para sentarse sobre el suelo a mi lado. Me acarició los cabellos. Carraspeó.
-Quizás no entiendas por qué tu hermano ya no llama a tu padre ni quiere hablar con él.-
Asentí con la cabeza. Yo era el testigo mudo que no participaba en aquellas escenas y que en su interior se gritaba a sí mismo dando como resultado el eco de la inocencia y la desesperación...
Me sacó de mis pensamientos para entonar su impotente, ronca y respetuosa voz.
-Pues bien. Te lo contaré con una pequeña historia.- Pausó para sonreírme con aquella viva nostalgia que penetraba en su mirada desde la ausencia de la abuela.
-``Érase una vez un joven que, muy contento, decidió entretenerse y gastar sus días de verano plantando y cuidando con esmero una semilla que había comprado en el mercado del pueblo. Para comenzar el chico decidió enterrar la semilla en medio del lugar más hermoso de su jardín para que se sintiese cómodo y protegido. Todos los días iba a echarle un vistazo, darle agua y quitar los hierbajos que creciesen a su alrededor. Llegó cierto día en que este chaval y el árbol forjaron y consolidaron una tierna amistad.
Iban creciendo en cuerpo y alma poco a poco entre buenos y malos ratos.Conversaban e incluso había alguna que otra riña...´´-
Hizo otra pequeña paradita para aclarar su voz y tomar aire.
-``Todo no es eterno. El pequeño arbolillo fue convirtiéndose en un árbol joven más grande y robusto y, el muchacho, más viejo de lo que era antes, claro está. El árbol tenía deseos de libertad, experiencias y de dejar de lado al que le había dado la vida.
Hizo otra pequeña paradita para aclarar su voz y tomar aire.
-``Todo no es eterno. El pequeño arbolillo fue convirtiéndose en un árbol joven más grande y robusto y, el muchacho, más viejo de lo que era antes, claro está. El árbol tenía deseos de libertad, experiencias y de dejar de lado al que le había dado la vida.
Fue relacionándose con los demás del jardín e ignorando las advertencias de su mentor y dador de vida.
Poco a poco, su padre humano comenzó a rendirse ante aquello. Cometió errores e incluso le gritó al árbol haciendo que se sintiese mal. Al igual que el árbol, que a pesar de todo el daño y de ver que no se sentía comprendido, lo quería aún y era consciente de todo lo que ourría. Comenzó a crecer más y más y, el ya hombre mayor, comenzó a jorobarse y a empequeñecer por su ya acumulados años.
Llegó tal fecha que ya era imposible abarcar comunicación en ambos corazones y solucionar el problema. Tardaron demasiado en dar el paso y no arrojaron su orgullo al vacío...
Aún los compañeros que seguían en el jardín, tenían la esperanza de que, algún día, el árbol se doblase para comunicarse con su padre, o el anciano humano tomase unas escaleras hacia el árbol para volver a los viejos tiempos, como aquel lejano verano.´´´-
Me miró expectante pidiendo con la mirada mi respuesta. La verdad no comprendí que quería decirme así que, con timidez, le contesté:
-Lo siento abuelo. Es que no he entendido nada.-
Sonrió y me dio dos palmadas en la espalda.
-Hijo, cuando eres apenas un bebé solo piensas en lo básico ya que somos humanos y dependemos de cosas simples para la supervivencia. A medida que ese bebé llega a ser un niño, comienza a pensar en otras cosas y a centrarse en el juego. Ya a una edad se le revuelve la mente y quiere ver mundo, experimentar e incluso pillar el beso de una chica. Una vez que su vida avanza, los pensamientos se hacen adultos, asentando la cabeza y con amplios deseos como formar una familia. En la primera etapa, hijo, nos acompaña nuestros padres. A partir de la adolescencia la cosa se complica y si no se trata bien, pueden surgir los problemas. Se pueden arreglar, pero ahora que tu padre se digna a hacerlo tu hermano lo ignora por completo... Y cuando él quiera dar marcha atrás y responder sus llamadas, tu padre se habrá cansado... ¿Lo entiendes ya, hijo?-
-Sí. Las nuevas cosas los alejaron y tampoco supieron cómo poder hablar entre ellos sin peleas, supongo.-
-Exacto.- Sonrió de nuevo, mirándome con ternura.
-Ahora hay que ser paciente, hijo.- Decía esto mientras me acariciaba mi cabeza de arriba a abajo con su ruda y ancha mano.
Poco a poco, su padre humano comenzó a rendirse ante aquello. Cometió errores e incluso le gritó al árbol haciendo que se sintiese mal. Al igual que el árbol, que a pesar de todo el daño y de ver que no se sentía comprendido, lo quería aún y era consciente de todo lo que ourría. Comenzó a crecer más y más y, el ya hombre mayor, comenzó a jorobarse y a empequeñecer por su ya acumulados años.
Llegó tal fecha que ya era imposible abarcar comunicación en ambos corazones y solucionar el problema. Tardaron demasiado en dar el paso y no arrojaron su orgullo al vacío...
Aún los compañeros que seguían en el jardín, tenían la esperanza de que, algún día, el árbol se doblase para comunicarse con su padre, o el anciano humano tomase unas escaleras hacia el árbol para volver a los viejos tiempos, como aquel lejano verano.´´´-
Me miró expectante pidiendo con la mirada mi respuesta. La verdad no comprendí que quería decirme así que, con timidez, le contesté:
-Lo siento abuelo. Es que no he entendido nada.-
Sonrió y me dio dos palmadas en la espalda.
-Hijo, cuando eres apenas un bebé solo piensas en lo básico ya que somos humanos y dependemos de cosas simples para la supervivencia. A medida que ese bebé llega a ser un niño, comienza a pensar en otras cosas y a centrarse en el juego. Ya a una edad se le revuelve la mente y quiere ver mundo, experimentar e incluso pillar el beso de una chica. Una vez que su vida avanza, los pensamientos se hacen adultos, asentando la cabeza y con amplios deseos como formar una familia. En la primera etapa, hijo, nos acompaña nuestros padres. A partir de la adolescencia la cosa se complica y si no se trata bien, pueden surgir los problemas. Se pueden arreglar, pero ahora que tu padre se digna a hacerlo tu hermano lo ignora por completo... Y cuando él quiera dar marcha atrás y responder sus llamadas, tu padre se habrá cansado... ¿Lo entiendes ya, hijo?-
-Sí. Las nuevas cosas los alejaron y tampoco supieron cómo poder hablar entre ellos sin peleas, supongo.-
-Exacto.- Sonrió de nuevo, mirándome con ternura.
-Ahora hay que ser paciente, hijo.- Decía esto mientras me acariciaba mi cabeza de arriba a abajo con su ruda y ancha mano.

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