Ya sabes,
la ley de vida que nos da la bofetada sin avisarnos y viene sin
compasión. No quiere ver los lazos que unen a unas personas con
las otras; simplemente cumple su función y esa es la de llevarse un alma.
Pensemos en todo el dolor y pena que se ha ahorrado con su partida... ¿Merecía
la pena continuar de esa forma? No. Se debe pensar en esos momentos tan tiernos
que ha dejado atrás y que se ha llevado bajo el brazo para tenernos siempre
como recuerdo. Si hay vida allá donde abarca el misterio tengamos fe de pensar
que alberga en una nueva vida llena de felicidad y paz. Para quienes tengan en
su pensamiento la no existencia de otra cara llena de vitalidad, que se quede en
su memoria con la esencia de la persona que se ha marchado en un viaje del que
no se regresa por mucho que se luche...
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