Recibe caricias de hielo cada noche, siempre acompañada de su monedero, con la esperanza de colmarlo y de llevarse algo a la boca para desayunar un día más.
No le importa el frío que roza sus carnes; se limita a pintarse los labios de rojo carmín, contonearse y probar suerte. No le molestan las sucias palabras que para ella están dedicadas porque el mundo ya le resulta algo indiferente y sin sentido.
Otras garras, otra fragancia recorrerá de nuevo su cuerpo... ¿Cuántos sapos le echaron ya su aliento en su rostro?
Cree que no hay solución. Carece de dignidad y se limita a observar cómo la gente pasa la vida de forma distinta a la suya y como ella permanece rota y en su esquina sin que nadie quiera por un momento dedicarle una mirada y usar la empatía reflejándose en el espejo de su muerta alma.
No, claro que no, todos vamos de buenos y santos pero es que nadie le ha dado por verte, comprenderte y darte un lugar para dormir a gusto.
Es la Princesa de usar y tirar del rimel, vaqueros cortos, del bolso y del corazón despintado.
Esa camisa rota por el ombligo que usas desde hace años, ese mal olor y esos condenados recuerdos que abarcan y describen toda su biografía que no es más que la maldita vida que está arraigada al destino de la que todos nombran con malicia:
``puta´´
No saben tus años de pobreza, no saben tu vacío interior; te toman por un ser sin sentimientos, malo para la sociedad o como si estuvieses contaminando la propia esquina que frecuentas.
Dicen y dicen, sin saber qué agua la vida les hará beber a ellos, porque si ella es puta ellos son santos y perfectos cuando detrás de la puerta de su casa se proyecta ante sus ojos una nueva tormenta que amenaza de nuevo con su ira mortal; algo oculto que hacen y de lo que son conscientes aunque no esté muy bien.
Seguirás rota y en tu esquina, y al morir ni tu familia te echará unas rosas; no serás recuerdo de corazones, ni siquiera de aquellos que cruzando tus piernas disfrutaron ``felicidad´´.
Serás el triste número que dibuja una editorial en su periódico. Quizás el viento se lleve sin permiso su nombre para siempre, pero que esté tranquila; aquellos que la señalaban ahora descansarán en paz. No les importará y a otros les agradará, incluso por ser los buenos ``cristianos´´ se harán una señal de la cruz cuando son ellos los que deberían retorcerse por tal injusticia que tuvo ella que anidar en su pelo durante toda una vida llena de penuria, escarcha, soledad y hambre.
¿Qué más les das? Como ellos dicen una y otra vez: ``Tan sólo es una puta´´.
No le importa el frío que roza sus carnes; se limita a pintarse los labios de rojo carmín, contonearse y probar suerte. No le molestan las sucias palabras que para ella están dedicadas porque el mundo ya le resulta algo indiferente y sin sentido.
Otras garras, otra fragancia recorrerá de nuevo su cuerpo... ¿Cuántos sapos le echaron ya su aliento en su rostro?
Cree que no hay solución. Carece de dignidad y se limita a observar cómo la gente pasa la vida de forma distinta a la suya y como ella permanece rota y en su esquina sin que nadie quiera por un momento dedicarle una mirada y usar la empatía reflejándose en el espejo de su muerta alma.
No, claro que no, todos vamos de buenos y santos pero es que nadie le ha dado por verte, comprenderte y darte un lugar para dormir a gusto.
Es la Princesa de usar y tirar del rimel, vaqueros cortos, del bolso y del corazón despintado.
Esa camisa rota por el ombligo que usas desde hace años, ese mal olor y esos condenados recuerdos que abarcan y describen toda su biografía que no es más que la maldita vida que está arraigada al destino de la que todos nombran con malicia:
``puta´´
No saben tus años de pobreza, no saben tu vacío interior; te toman por un ser sin sentimientos, malo para la sociedad o como si estuvieses contaminando la propia esquina que frecuentas.
Dicen y dicen, sin saber qué agua la vida les hará beber a ellos, porque si ella es puta ellos son santos y perfectos cuando detrás de la puerta de su casa se proyecta ante sus ojos una nueva tormenta que amenaza de nuevo con su ira mortal; algo oculto que hacen y de lo que son conscientes aunque no esté muy bien.
Seguirás rota y en tu esquina, y al morir ni tu familia te echará unas rosas; no serás recuerdo de corazones, ni siquiera de aquellos que cruzando tus piernas disfrutaron ``felicidad´´.
Serás el triste número que dibuja una editorial en su periódico. Quizás el viento se lleve sin permiso su nombre para siempre, pero que esté tranquila; aquellos que la señalaban ahora descansarán en paz. No les importará y a otros les agradará, incluso por ser los buenos ``cristianos´´ se harán una señal de la cruz cuando son ellos los que deberían retorcerse por tal injusticia que tuvo ella que anidar en su pelo durante toda una vida llena de penuria, escarcha, soledad y hambre.
¿Qué más les das? Como ellos dicen una y otra vez: ``Tan sólo es una puta´´.
Esta entrada = Perfección
ResponderEliminarGracias :))
ResponderEliminarMuy dura, una de las tantas magdalenas de la vida. Como la canción de Sabina.
ResponderEliminarEsta parte me ha encantado, sin duda, la más dura: "Seguirás rota y en tu esquina, y al morir ni tu familia te echará unas rosas; no serás recuerdo de corazones, ni siquiera de aquellos que cruzando tus piernas disfrutaron ``felicidad´´"
Felicidades, Candecande
Muchas gracias :)
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